Milagros

«El Tanque de gasolina»

Lejos de casa, con lluvia y de noche; andaba en mi auto sumida en mis propios pensamientos y escuchando música celestial; disfrutando esas melodías que siemp10603250_10204170153401583_3938386123083062897_nre llenan el corazón, pero olvidándome por completo que el auto ya no tenía casi gasolina y el foco de la reserva ya se había prendido. Sentía que cada vez que apretaba el acelerador una rayita más bajaba. Finalmente, cuando solo era una rayita la que marcaba, llegué a una avenida que contaba con un Tecalli. 

Paré el auto y me acerqué al oficial que estaba en ese lugar, mientras desde lo más profundo de mi corazón le decía a Mike ( Arcángel Miguel) y a toda la corte celestial que me ayudaran y rezaba: Ángel de mi guarda, dulce compañía, etc.

Le dije al policía que si no tenían gasolina que me pudieran vender o que me indicara dónde estaba la gasolinera más cercana. Me dijo que no tenía gasolina y me mostró en un mapa dónde estaba la gasolinera más cercana y cómo poder llegar a ella ( faltaban 10 minutos), pero muy tierno me dijo, no se preocupe, es de bajada, ponga el coche en neutro.

Le di las gracias y subí nuevamente a mi coche y qué creen?, de pronto la aguja marcaba medio tanque, sí, exactamente medio tanque.
Inmediatamente le di las gracias a toda la corte celestial, seguimos platicando y continué mi camino a casa. Obvio, si pasé de todos modos a la gasolinera a llenar por completo el tanque pero solo pagué medio tanque, no es maravilloso?

Los milagros ocurren a cada instante, en lo pequeño y en lo grande, para los que creen y para los que no. Nunca estamos solos, por siempre cobijados y amados.
A lo largo de mi vida ,he tenido la bendita fortuna de compartir mensajes del cielo y de vivir hermosos milagros para otros o para mi. Hoy fue un honor compartirte uno más.
Gabriela Zarzosa Quintero

El Milagro de un dólar y once centavos

Una pequeña niña fue a su habitación y sacó un frasco que estaba escondido en su ropero.

Esparció su contenido en el suelo y contó con cuidado. Tres veces, incluso,  el total fue contado a la perfección. No había posibilidad de error.

Con cuidado regresó las monedas al frasco y cerrando la tapa, salió sigilosamente por la puerta trasera y caminó seis cuadras hasta la Farmacia de Rexall, que tenía un gran signo de jefe indio sobre la puerta.

Ella esperó pacientemente a que el farmacéutico le prestara atención, pero estaba muy ocupado por el momento.

Tere movió sus pies para que rechinaran sus zapatos. Nada.  Se aclaró la garganta lo mas fuerte que pudo.  No sirvió de nada, finalmente tomó 25 centavos del frasco y tocó en el mostrador de cristal. ¡Con eso fue suficiente!
El milagro de Un dólar y 11 centavos
«¿Y qué es lo que quieres? » le preguntó el farmacéutico con tono de disgusto en la voz. «Estoy hablando con mi hermano que viene de Chicago y no lo he visto en años», le dijo el farmaceutico.

«Bueno, quiero hablarle acerca de mi hermano «, Tere le contestó con el mismo tono de impaciencia. «Él está realmente muy, muy enfermo . . . y quiero comprar un milagro» .

«¿Perdon? » -dijo el farmacéutico.

«Su nombre es Andrés y algo malo ha estado creciendo en su cabeza y mi papi dice que sólo un milagro puede salvarlo, ahora dime, cuanto cuesta un milagro».

«Nosotros no vendemos milagros aqui, chiquita. Lo siento pero no puedo ayudarte «, dijo el farmacéutico, con voz suave.

«Oye, tengo dinero para pagarlo. Si no es suficiente, conseguiré lo que falte. Sólo dime cuanto cuesta».

El hermano del farmacéutico, que era un hombre muy bien vestido, intervino y le preguntó a la niñita, «¿Que clase de milagro necesita tu hermano? »

«No sé, replicó Tere» -con los ojos muy abiertos-. «Yo sólo sé que está muy enfermo y mamá dice que necesita una operación. Pero mi papá no puede pagarla, por eso quiero usar mi dinero».

«¿Cuánto tienes? » , le preguntó el hombre de Chicago

«Un dólar con once centavos » , contestó Tere apenas audible. «Y ese es todo el dinero que tengo, pero puedo conseguir mas si es necesrio».

«Bueno, que coincidencia» -sonrió el hombre. «Un dólar y once centavos es el precio exacto de un milagro para los hermanitos «.

Tomó el dinero en una mano y con la otra sostuvo la manita enguantada de la niña y dijo: «Llévame a donde vives. Quiero ver a tu hermano y conocer a tus padres. Veamos si tengo el milagro que necesitas «.

Ese hombre bien vestido era el Dr. Carlton Armstrong, un cirujano especializado en neuro-cirujía. La operacion fue completamente gratis y sin cargo alguno por su estancia en el hospital, hasta que Andrés regresó sano a casa.

La Mamá y el Papá comentaron felices la cadena de eventos que les trajo a todo esto.

«Esa cirujía», susurraba su madre, «fue un milagro real. ¡Ya me imagino cuanto podría costar!»

Tere sonrió. Ella sabía exactamente cuanto cuesta un milagro. . . un dólar con once centavos. . .mas la fe de una chiquilla.