Especiales
9 días
Acepté que pasaran los últimos momentos de su vida en mi casa; de hecho, me sentí honrada.
Las tomé entre mis brazos y nos fuimos prontamente a casa donde inmediatamente las atendí. Mucha agua les di para beber, cuidando cada una de las partes de su ser.

No dejaba de mirarlas,
me sorprendía su profunda belleza y su infinita capacidad de dar amor, aún sin importar que estaban a punto de partir.
Se sentían tan amadas a mi lado;
y yo me sentía tan amada a su lado.
Cada día las encontraba más y más bellas; floreciendo en el canto del amor, para finalmente brindarme su último aliento ese 14 de abril.
Fueron 9 días que compartimos hermosos momentos.
Cuanto amor puede contener un encuentro, un instante que dura para siempre.
Mi amor las elevó al cielo dijeron.
Su amor también a mi
Secaron sus pétalos pero nunca su corazón que también es mi corazón.
Autor: Gabriela Zarzosa Quintero.
«Azucarera»
Pasó casi un año, finalmente llegó el día en que desmantelé por completo el departamento donde vivieron mis papis sus últimos tiempos.
Dos mudanzas previas con muchos muebles que se regalaron me estaban preparando para este último momento; pero aún quedaba lo de más valor sentimental para mí: Un muñequero que tanta ilusión le daba a mi mami, y que le pude regalar cuando apenas tenía 18 años, éste contenía todos esos muñequitos de porcelana que existían desde antes de que yo naciera. ¿Te imaginas la cantidad de historias familiares que podrán contar?.
Esas copas con las que brindamos tantas navidades juntos. El hermoso cuadro de mi mami, ella tenía entonces 36 años cuando le tomaron esa foto, siempre le dije que me lo heredara y así fue.
Llevé mi ipod con música celestial mientras me daba prisa y tiempo a la vez de empacar todo, entre el Ave María, Canon y otras bellas melodías, me daba fuerza para no quebrarme en ese momento.
Era indescriptible la paz que se sentía en el departamento. Y de pronto, ahí estaba… una azucarera, la única sobreviviente de un gran juego de té que recuerdo desde que era muy pequeña y con el que jugaba con mi hermana a las comadritas.
Remembré entonces, esas tazas de café bien dulce que tomábamos cuando nos visitaba mi abuelita, nos sentíamos grandes. Ella nos decía que nos compartiría el número de cucharadas de café dependiendo del número de años que tuviéramos, osease, solo me tocaban 4 cucharadas jijijijiji.
Tomé la azucarera y una tierna voz me dijo: “Es para que recuerdes los momentos dulces que vivimos y que abraces los momentos dulces que también están por venir; azúcar de amor, hazla partícipe de todos tus buenos momentos, de esas tazas de café bien dulce como los que disfrutabas de niña. Por siempre serás mi niña bien amada. Por siempre a tu lado y en tu corazón. Gracias por siempre estar al pendiente de nosotros, por cuidarnos, por todo lo que nos diste, por ser siempre tan valiente y tan amorosa».
Lloré de alegría y agradecimiento. Le di gracias a Dios, a mis papis por todo su amor, por llenarme de su paz y cobijo. Bendecí el departamento y le di las gracias por ser el hogar de mis papis, le encargué mucho a la familia que ahora llenará de amor ese lugar. Aquí te presento mi azucarera.
Autor: Gabriela Zarzosa Quintero.